Me contaron...
Ella reclinó su cabeza en el respaldo del sofá, cerró los ojos y exhaló un suspiro prolongado, lento... como si quisiera en ese momento penetrar profundamente en sus pensamientos, en su interior, donde habitaron cada uno de sus sueños, se sintió indefensa, no pudo resistir ver la habitación tan vacía, tan grande sin su presencia, sabía que no volvería, lo supo en el instante en que no vio más su amor en sus pupilas, y lloró amargamente, aspirando el aroma del nuevo libro, lo cerró y con delicadeza lo atrajo hacía su pecho.
Quiso fundirlo con su esencia, toda una vida para él, adorándolo, y en un instante lo había perdido, lloró... sintió el peso de su humanidad en todo su cuerpo, una leve brisa la acariciaba, siempre que la tristeza la inundaba, esa sensación le devolvía la paz que necesitaba, pero era imposible, el dolor de su partida era más fuerte que cualquier caricia.
Los sueños se habían esfumado, como cascada de lluvia cayeron al piso y allí quedaron, vacíos de sentimientos, huecos de destino, a su lado se edificaba la enorme pared de la nostalgia, de lo cruel del abandono, difícil levantarse de su asiento, pesaba demasiado su agonía y nuevamente las lágrimas cayeron por sus mejillas, lloró hasta quedar rendida, sin sueños todo era vacío.
Una voz profunda la estremeció, era un susurro suave, cargado de esperanza,
"te ofrezco un deseo", -dijo-
pide que vuelva y lo traigo a tu lado,
pide que vuelva y lo traigo a tu lado,
pide olvidarle y no volverás a recordarlo, no quiero verte hundida, dime tu deseo y te será concedido.
No quiero que regrese a mi forzado, tampoco deseo olvidarle
¿Y si te pido que regresen mis sueños?, así podré tenerlo siempre conmigo y cada instante recordarlo
¿Y si te pido que regresen mis sueños?, así podré tenerlo siempre conmigo y cada instante recordarlo
Mi deseo...
Quiero lentamente quedar dormida, profundo... tranquilo... y cuando mi cuerpo exhale el último suspiro, quiero que lo tomes en tus manos y con suma delicadeza lo lleves al mundo de los sueños, quiero tener la guardia y custodia de la puerta que da entrada y salida de los sueños, y cuando sienta que en algún lugar un alma enamorada busca con desespero asirse a un anhelo, ahí estaré yo, envuelta en la brisa suave que acaricia, envolviendo ese ser ilusionado y llenándolo de cada uno de sus fantasías e ilusiones, de sus sueños.
La voz conmovida, cubrió la piel que aún guardaba con amor el recuerdo de aquel hombre que adoraba, arrulló su alma, su cuerpo poco a poco fue dejándose ir, hasta que exhaló el último aliento, el libro que abrazaba contra su pecho cayó sobre sus muslos, la voz con profunda ternura le ofreció una tierna sonrisa y llevó el suspiro hasta la fortaleza donde se guardan los sueños.
Allí se encuentra ella, cuentan que ahora, cada vez que siente el anhelo de un suspiro, viaja en forma de brisa y envuelve a ese ser en la totalidad de sus sueños, sonríe complaciente y regresa a cuidar los tesoros confinados que bajo su resguardo, duermen tranquilos y seguros en la fortaleza de los sueños.

